sumarioReflexiones sobre el método.

por Verónica Pérez Luna, de Manojo de Calles



¿Que busca un actor detrás del método? ¿Hasta dónde puede llegar ese actor sin un método?


En realidad el problema del método respondió a un momento histórico concreto donde aún se asignaba a la ciencia el valor paradigmático para toda actividad de conocimiento, aun rige hoy esa desvalorización sobre los conocimientos humanos no institucionalizados. La técnica es la base para el trabajo del actor, pero lo que mantiene al actor, más allá de su técnica es su fibra íntima. Es en esta zona en donde trabajamos y nuestras técnicas tienden a destapar y poner en crisis permanente el cuerpo, la voz, la afectividad y el pensamiento del actor en forma integrada y con todas sus posibilidades. En esas zonas de riesgo es cuando el actor hecha mano a sus herramientas secretas, las que están ocultas en sus reflejos e impulsos psicofísicos vitales, y es entonces cuando el actor se vuelve un hacedor de su propio camino.


Nuestras primeras investigaciones fueron claramente técnicas, queríamos formarnos como actores con una manera precisa de trabajar; construimos una base de ejercicios físicos y vocales, mezclando las técnicas del clown con los principios del teatro antropológico, introduciendo las técnicas del automatismo para la improvisación verbal, algo de acrobacia, Tai Chi, danzas propias... como muchos grupos cuando empiezan, después esos ejercicios técnicos se fueron moldeando a partir de la línea estética hacia la que nos íbamos definiendo: primero un expresionismo altamente poético e hipercodificado y luego hacia el humor grotesco; el trabajo de superposición del plano del actor y el personaje y su permanente oscilación en el plano de la acción - ficción nos llevaron a insistir en la técnica de la improvisación hasta llegar al estado psicofísico de la actuación performática (el personaje concebido como máscara social es lanzado a la improvisación a partir de una mínima estructura situacional), incluyendo de esta manera el campo de la recepción, para ello utilizamos varias estrategias teatrales: adaptación de las puestas a diversos espacios escénicos, un mismo personaje trasladado a otras obras o a otro contexto, acciones teatrales en espacios urbanos, registro del espectador, etc.


Se produce así un entrecruzamiento entre los aspectos técnicos y estéticos de la investigación, llegamos a definir como "entrenamiento sensible" a esos ejercicios o actividades teórico - prácticas que se realizan a lo largo del proceso del armado del espectáculo y que tienden a que se construya en el grupo un cuerpo de conocimiento común. Estas actividades dependen de las particularidades de género, estilo y dinámica del espectáculo y de las teorías que lo impulsan.



¿Cuál es el trabajo del actor?


Sin duda el trabajo del actor hoy ya no es encarnar personajes de la manera más "creíble", más asimilable a la realidad como quería Stanislavki, porque hoy ni siquiera existe aquel viejo concepto sobre "la realidad". Tampoco puede ser solamente la persecución de un montaje de acciones cada vez más complejas y distorsionadas y la preparación del cuerpo del actor para ese estado de afloración del inconsciente.


El trabajo del actor hoy sin duda no pasa por la técnica, el trabajo del actor como lo fue desde los comienzos del teatro pasa por la situación de presentación ante el espectador. Esa especificidad, lo separa de otras artes y lo une a otras artes, entonces empiezan a entrecruzarse las técnicas y a contagiarse las teorías, y el trabajo del actor deriva en un objeto cada vez más complejo: primero el método se abre a la mixturación de técnicas, luego se abre a la recticulación de teorías hasta llegar a la abolición del método...


En general se entiende el método como una serie de pautas sistematizadas que marcan el camino a seguir. Esto para la ciencia ha tenido su invalorable aporte pero muchas veces el método ha derivado en la legitimación de verdades que han absolutivizado el saber. El saber teatral tiene características que no siempre se alcanzan siguiendo un trayecto rígido, habría tal vez que concebir al método no como un camino sino como una pérdida constante de dirección.



¿Qué sucede al perder la dirección?


Nuestros actores tienden siempre a perder la dirección, esto puede tomarse si se quiere sistematizar nuestro trabajo como una premisa epistemológica, pero también como un impulso para la acción... después viene un proceso de descaotización que incluye la situación de recepción junto al espectador.


En la situación de presentación del actor ante el espectador hay una serie de intercambios de conocimientos y estados que se disparan en múltiples direcciones, y muchas veces estalla la pregunta ¿qué hago yo acá?... en el teatro se plantea esa situación epistemológica a la que llamamos "desconocimiento", no hablamos de una posición ideológica de desconocimiento de las relaciones de poder, sino más bien de un estado de profunda crisis del saber cultural que tiene soporte en las relaciones de poder que también se reflejan en el método.


Pero perder la dirección también implica asumir la investigación teatral desde el actor como un proceso permanente de construcción de conocimiento porque el teatro es una expresión cultural que emerge en un espacio escénico social, pero además el teatro es una actividad humana que hunde sus impulsos en las vivencias personales de "ese actor". Cada actor tiene procesos diferentes, sus propias obsesiones, sus dificultades, sus habilidades y tiene además su proceso vital, trabajamos con el interior del actor no con el "proceso interior del personaje", de esta manera cuando llegamos a la instancia de la composición del personaje como máscara social no lo hacemos desde el estereotipo: nuestros personajes se instalan en nuestra historia, el actor cambia con cada personaje...


Una vez perdida la dirección la zona del goce pasa a tratar de recuperarla, entonces comienza el juego con el sentido, dar sentido ya no significa nada, no remite a ningún absoluto se pierde en un vasto terreno de posibilidades en las que el juego de dar sentido se vuelve un juego de inventarlo en el plano de la relación con el otro, ese otro que está siempre presente como una posible mirada social, en este proceso el otro es el ojo crítico que nos mira y a su vez a quién dirigimos nuestra mirada... ese espectador invisible que nos mira en la oscuridad de los ensayos, sin embargo... qué enlaces, qué divergencias, qué catástrofes hacen que la obra sea siempre nueva... el actor cambia también con cada espectador...



¿Quién es ese espectador? ¿Qué impulso interno lo lleva a ser espectador?


Hay una situación que se ha tomado por lo general como originaria del rol del espectador hasta la aparición del Happening "la de ser el que mira", el happening propone luego un espectador activo que interviene físicamente en el desarrollo de la acción. Para nosotros el happening es muchas veces una consecuencia casi corporal en el clima planteado en algunas de nuestras obras, pero la base más profunda de la que partimos es la de poner en evidencia el doble juego del teatro que la cuarta pared ha pretendido ideológicamente anular: tanto el actor como el espectador en nuestros trabajos están en el lugar del voyeur y del exhibicionista al mismo tiempo, quedarse a ver es también un dejarse ver, asumir el riesgo de ver teatro implica transformarse en un sujeto que hace "público" su deseo.


Sabemos las enormes consecuencias producidas por la manipulación de las teorías sociales por parte de los sistemas de control social... sería interesante que en la Argentina de hoy se pudiera hacer un análisis sobre la manipulación del deseo, cómo en un corto lapso de tiempo se ha llevado prácticamente a la anulación del impulso creativo del deseo, el que desea es un sujeto: la destrucción del sujeto lleva a la desaparición del deseo y de alguna manera en espejo la anulación del deseo lleva a la degradación del sujeto. El teatro puede expresarse en esa zona de choque de dos sujetos deseantes...


El teatro que hacemos no trabaja sobre la masa informe de espectadores, que son un número o la comprobación del éxito, trabajamos sobre las "subjetividades" posibles, infinitas que son los espectadores de carne y hueso que están en esa sala y sobre nuestras posibles, infinitas subjetividades.


Esa instancia de profundo hecho humano - interpersonal que es el teatro hacen de él una actividad transformadora en el centro de la cultura mediática que progresivamente ha operado justamente en la descomposición del sujeto.


El espectador crítico es no tan solo quien puede reflexionar sobre la historia sino quien además puede deconstruir la suya... ya no son tiempos para fijaciones de identidades absolutas sino más bien de construcción de identidades múltiples, desenmascarar la esquizofrenia del sistema es al mismo tiempo desarticular los mecanismos esquizofrénicos que operan en el sujeto escindido.

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