Cuando pensamos
en el tema que atravesaría este número como su eje transversal
nos decidimos por el método. Lejos, lejísimo estábamos
de suponer que el procedimiento más caro de la humanidad pondría
otra vez su máquina en marcha al mismo tiempo: la destrucción
masiva, una de sus costumbres más queridas y la que sin duda
más le ha costado.
Es difícil,
entonces, elegir las palabras, argumentar nuestra experiencia, presentar
nuestro trabajo. Esta es una revista especializada sobre una de las
ramas del arte y sus lectores serán, con toda seguridad, artistas
o amantes del teatro. Es decir que nuestro método, el que nos
une a realizadores y público, el procedimiento de creación
de un objeto artístico, de su espectación y de la reflexión
que sobre él hacemos, está en las antípodas del
orden de un imperio que con el sólo objeto de sostener su hegemonía
está decidido a arrastrarnos a todos en su decadencia.
La apertura de este
espacio es una posibilidad de reflexionar sobre nuestra práctica,
de reflejarnos en ella. Seguimos apostando al espejo del teatro que
nos devuelve a nosotros mismos, vulnerables, afectados, nunca intactos.
Y hoy lo hacemos con más fuerza aún, empecinados en sostener
nuestras voces en el ominoso reino del desencanto.