A modo de presentación.
Este trabajo es producto del intercambio de perspectivas y saberes de
quienes somos sus autores. Nuestra preocupación por el lenguaje
y la comunicación tiene un origen común y un objeto específico
que compartimos: ambos somos profesores de Letras y estamos vinculados
al quehacer teatral y a la enseñanza, pero en distintos ámbitos
y con diferentes roles. Nuestras investigaciones se han desarrollado
a veces en conjunto y otras, ha seguido diferentes rumbos.
Lo que ahora presentamos es la forma provisoria y coyuntural que toma
un diálogo muchas veces retomado en innumerables conversaciones
en nuestro proceso de indagación sobre el lenguaje y el quehacer
teatral.
De manera que nuestro trabajo es polifónico en más de
un sentido y ello se observará en el modo de presentarlo. En
algunos tramos, el nosotros de esta presentación se desdoblará
en dos voces que tratamos de diferenciar por medios lingüísticos.
El uso de la primera persona singular representará mi propia
voz (J. Beltzer) relatando mi experiencia de trabajo como director
teatral. Emplearemos, en cambio, la tercera persona en comentarios y
reflexiones, para representar una voz más distanciada, múltiple
y plural, donde se intertextualiza nuestro propio diálogo y su
intersección con las voces de los autores de nuestras lecturas
comunes y personales.
Entre las propuestas para presentar ponencias en el I Congreso Internacional
de Teatro nos inclinamos por aquella que trata acerca de los Modos
de representación de los discursos teatrales del Sur.
El trabajo se centrará en la experiencia que realicé en
el año 1996 desde la dirección de la puesta en escena,
con el texto "Asunción" de Ricardo Monti.
Como aporte para el acercamiento a la construcción de la puesta
en escena y de los personajes partimos de la propuesta metodológica
que Luis de Tavira, director y dramaturgo mexicano, denomina
"La lógica de la estimulación: la dramaturgia del
actor", según la expusiera durante un curso de la Escuela
Internacional de Teatro para Latinoamérica y el Caribe, en
el que tuve ocasión de participar como becario. Desde nuestra
experiencia hemos modificado y ampliado esta propuesta de trabajo, incluyendo
al rol del director.
Intentaremos mostrar que, aunque desde cierta perspectiva, el "anacronismo"
es uno de los rasgos que pareciera singularizar tanto al texto de Monti
como a la propuesta de Tavira, ello no invalida su realización
y su posibilidad de ofrecer un espacio de resistencia ante las estéticas
y las metodologías que tienden a hegemonizar el panorama del
teatro argentino contemporáneo.
El anacronismo del texto de Monti
"ASUNCIÓN" (1993) Se integra en una trilogía
con otros dos textos capitales del último período de la
singular dramaturgia de Ricardo Monti: "Una pasión
sudamericana" (1989) y "La oscuridad de la razón"
(1994) (1) . Todas ellas se internan en
el pasado histórico argentino, planteando conflictos de una densa
profundidad textualizados en un discurso de una intensa carga poética.
En el Estudio preliminar que Osvaldo Pelletieri realiza para
la publicación de la trilogía de Monti, caracteriza a
este período como un "Teatro de resistencia a la modernidad
marginal", y señala el ´anacronismo´ de esta
dramaturgia que "se aparta de las textualidades modernas de la
Argentina", inscribiéndose como "exponente del denominado
´teatro de autor´".
´Teatro de autor', 'teatro de resistencia a la modernidad´,
estas son las marcas del anacronismo textual de la obra de Monti
que atraparon nuestro interés. En sí mismas constituyen
una suerte de paradoja, dado que lo que habitualmente llamamos ´teatro
de autor´ es precisamente una marca de 'modernidad', en la medida
en que como autor se postula como creador de una poética singular
que genera un orden ficcional propio, centrado precisamente en la palabra,
y que se concreta conceptualmente en su concepción del teatro
como literatura. En efecto, las obras de Monti son 'textos fuertes',
polisémicos, cargados de densidad poética, que reclaman
lectores competentes, dispuestos a desentrañar una intensa acumulación
de imágenes alusivas, cargadas de un simbolismo ambiguo y de
no fácil acceso.
En esta tercera etapa, sus temáticas se vuelven al pasado histórico
en un intento de interpretación mítica de los orígenes
del ´ser americano´. Particularmente en "Asunción",
aunque la anécdota alude a referentes histórico precisos,
se advierte en el modo de presentarlos y combinarlos, su valor simbólico:
Delirio, pasión y muerte de Doña Blanca, manceba de
don Pedro de Mendoza, que también sifilítica agoniza en
la inmóvil noche paraguaya, mientras a su lado Asunción,
niña indígena, pare el primer mestizo de la tierra, en
el año del Señor de 1537.
El intertexto asimila paródicamente la pasión de Cristo
con la de Doña Blanca, manceba sifilítica, espectro barroco
y decadente, símbolo de la cultura invasora, y la confronta a
la de la joven niña indígena, cuyo nombre refiere en un
mismo gesto a la Virgen y a la fundación de Asunción,
núcleo de la corriente colonizadora de lo que luego sería
el Virreynato del Río de la Plata. El nacimiento de su hijo,
engendrado por violencia del sanguinario y frio Irala, señala
el origen mítico del hombre y la cultura mestiza, y postula el
enigma clave de la obra, expresado en las casi únicas palabras
que pronuncia Irala, y con las que se cierra la obra : "¿Qué
saldrá ?".
La propuesta de Luis de Tavira
La propuesta de
trabajo para el actor de Luis de Tavira, quizás pueda
también resultar "anacrónica", en relación
con las tendencias que caracterizan al teatro contemporáneo.
Si atendemos a la descripción que Alfonso De Toro hace
del teatro postmoderno como :
" (...) un teatro en el cual se celebra el arte como ficción
y el teatro como proceso, performance, no textualidad ... donde el texto
, en el mejor de los casos, es una mera base, y en general carece de
importancia. El texto es considerado como una forma autoritaria y arcaica,
que puede ser reducido a un guión o un libreto de performance
.
(...) En un teatro así concebido, pierde la palabra su sentido,
se actúa sin discurso, en base a meditación, gestualidad,
ritmo, sonido, silencio, las acciones son instintivas, no se desprenden
de un entrenamiento." (2)
Entonces, la propuesta que de Tavira denominó "La
lógica de la estimulación : la dramaturgia del actor",
tal como la expusiera en su curso de la EITALC, y como la registré
como participante, se aleja explícitamente de estas tendencias.
En primer lugar, contemplaba una parte de entrenamiento corporal intenso
y riguroso, y en paralelo, en un contexto claramente diferenciado de
trabajo de mesa, se desarrollaba el proceso para la preparación
de una puesta en escena, centrado fuertemente en el análisis
minucioso del texto. Este análisis no consistía en un
intento de desmontar la estructura del texto. Su propuesta se basó
en una concepción más bien tradicional del análisis
lingüístico y semántico, que integraba diversos procedimientos
de carácter cuantitativo y porcentual, por medio del cual se
arribaba a los sentidos que ese grupo de actores en particular, le confería
al mundo de los signos verbales. El objetivo fundamental de este trabajo
era estimular a los actores para la construcción del subtexto
y a esto era lo que denominaba "dramaturgia del actor". Como
participante me presté a esta experiencia de aprendizaje, tratando
de dejar de lado preconceptos y cuestionamientos dogmáticos.
Los resultados fueron, a mi juicio, altamente estimulantes y productivos.
Y ello me llevó a intentar su aplicación en el proyecto
de dirección del texto de "Asunción",
aunque algunos aspectos de su propuesta de análisis fueran enfocados
desde una perspectiva diferente.
El proceso de trabajo para la puesta en escena.
Jean Alter (3), considera que un
texto dramático podría leerse de dos maneras :
a) como un texto literario
b) como un texto teatral : en este caso, el texto no es leído
como ficción sino como la primera etapa del proceso de teatralización.
El texto escrito se asume como un signo cuyo referente es una ´probable´
o potencial representación, un espectáculo. El lector
ya no se refiere a un mundo real o imaginario situado fuera del escenario,
sino a su virtual representación en un escenario. De esta manera
los personajes, por ejemplo, no son percibidos como entidades reales
o imaginarias, sino como actores desempeñando estos personajes.
Como gente de teatro, el grupo que conformamos actores y director, asumimos
este segundo tipo de lectura, partiendo de la premisa de que los signos
verbales del texto dramático contienen potencialmente los signos
escénicos.
En este caso, los lectores, actores y directores, éramos y somos
gente de teatro. Desde nuestra perspectiva lo que nos confiere dimensión
de personas o de humanos, si lo preferimos, es la de tener un proyecto.
Por ende, leímos el texto de "Asunción" como
un proyecto. Un proyecto teatral específicamente. Proyecto que
supone una ideología, creencias. Y la necesidad concreta de pasar
de una idea a una realización escénica.
En ese intento se desmontó el sistema de signos que constituyen
el texto para llegar al referente, es decir, para llegar a la sensación
de la propia realidad textual.
Al leer "Asunción" tuvimos en cuenta, como primera
cuestión, el hecho de que nos enfrentábamos a un mundo
previamente ordenado por el autor, y al que debíamos acceder,
para convertirlo en una posibilidad de teatralización. Siendo
gente de teatro, lo leímos como una irrealidad a la que había
que conferirle realidad. Nuestro objetivo no fue realizar un análisis
clásico de texto dramático, sino más bien estimularnos
e intentar realizar nuestra propia dramaturgia. Los actores, desde su
accionar escénico. La dirección, desde la provocación
que generaban los signos del texto dramático.
Partimos de las palabras de Tavira : "un actor puede
abordar un personaje sólo si se para en el referente y entonces
sí, desde esta posición, logrará ponerse en situación
ficcional" . El actor deber estar orientado conceptualmente
a la ficción, que es su realidad acotada.
El problema del referente y del acto de referir en literatura y en teatro
deviene de su condición de ficción y la ficción
trata generalmente de entidades imaginarias. El mundo creado por los
textos es autónomo respecto a la realidad.
El actor existe y piensa, en tanto que el personaje si piensa, existe.
El acto de pensar es lo que liga al actor y al personaje. Si nos orientamos
desde esta lógica, la actuación como acción proyectada,
es una operación mental. Apoyados en esta afirmación podemos
comenzar a aprehender los sentimientos de los personajes, en la medida
en que pensemos en su forma, en su consistencia, en que demos carnadura
a su "ser de papel". Esta posibilidad es válida tanto
para la dirección de los actores, la realización de las
imágenes escénicas, la creación de los climas,
como para la construcción de los personajes, que es el trabajo
específico del actor. Se trata de poder pensar, desde el personaje,
las cosas que hacen a su realidad de ficción y que, como parte
inherente al proceso de pensar, está el de sentir. Esto supone
hallar los significados que para nosotros las cosas tienen, nuestro
propio sentido de realidad. Debemos crear una interdependencia entre
éstos que somos nosotros y lo que son las cosas a las que refieren
los signos textuales. Ahora bien: ¿qué ocurre con nosotros
personas contextuadas en Latinoamérica en relación con
las cosas que constituyen ese universo de ficción que es "Asunción"?
¿Todas las cosas a las que refiere este texto tienen significado
para nosotros? ¿Qué significa para nosotros esa realidad
de la manceba muriendo?
El referente debe existir en el espacio de la ficción. Y este
es un espacio concertado por la imaginación y la invención.
En el teatro se provoca una acción de proyección. Y es
tarea de la dirección y de los actores la de poblar la proyección.
Para que esto ocurra todos debemos estar en la ficción. Debe
existir congruencia. En este sentido la mímesis resignifica el
camino de conocimiento de la ficción, implica una analogía
de lo que es y de lo que no es. Las cosas presentes que aparecen en
el texto son capaces de llevarnos a conocer otras cosas. Mímesis
es representación de la realidad. Mímesis es representación
de lo ausente. Y esto implica re-inventar el mundo de la ficción.
Nuestra tarea es re-crear los referentes de esa ficción.
Pero el actor no puede narrar el mundo de ficción en que vive
su personaje. Lo vive como un acontecer en el espacio-tiempo, a lo largo,
a lo ancho, en lo alto y en lo bajo, aquí y ahora.
Por eso, nos encontramos en el campo de la percepción "estando"
en la cuarta dimensión, en la que circulan y entrecruzan el tiempo,
el espacio, la causa y el efecto. En el teatro este fenómeno
ficcional se concretiza, toma cuerpo, se carnaliza. Y todos los que
compartimos el hecho teatral concretizamos desde nuestros lugares los
diferentes signos de la ficción: escenógrafos, vestuaristas,
iluminadores, actores, director...
El camino recorrido por el equipo de trabajo fue doble. Uno de ida:
desde los signos lingüísticos y sus significados hasta llegar
al referente, y otro de regreso: desde el referente, a los significados,
hasta arribar nuevamente a los signos, ya cargados de teatralidad. Como
director también realicé este trabajo con mi propio objetivo:
construir, desde mi subjetividad, y desde el intercambio con los actores,
un universo ficcional propio. Por eso hablé de una ampliación
de la propuesta de Tavira : una dramaturgia del actor , pero
también la del director.
Y para ello también tuvimos en cuenta los siguientes criterios:
* un texto dramático es un conjunto de signos
* los signos del texto tienen diferentes referentes : intratextextuales,
intertextuales, extratextuales o miméticos
* su realización en el referente total del espectáculo
es resultado de las operaciones de concretización que realizamos
el director y los actores.
A partir de estos criterios realizamos, con el equipo de trabajo, una
trayectoria desde los signos, como expresión de las cosas, hasta
arribar al referente. Desmontamos el sistema de los signos con el propósito
de llegar al referente, de llegar a la sensación de realidad.
Camino de ida y camino de vuelta hasta arribar nuevamente a los signos
que constituyen el texto teatral. Insisto que el actor sólo puede
trabajar si se para en el referente. La verdad escénica existirá
si tanto los actores como el director se ponen en situación ficcional.
Nuestra tarea fue encontrar el tono y aquí nos detenemos nuevamente.
El tono es el criterio que nos permitió discernir entre la ficción
y la realidad. El tono describe la dimensión de la ficción
y la realidad a la que se refiere. El tono habla del peso, del carácter
de la realidad. El tono no se basa en las anécdotas, en los temas.
Esto equivale a decir que en el texto de "Asunción"
no nos detuvimos, por ejemplo, en la conquista de América como
un tema. Nos detuvimos en las cosas a las que refieren los signos. De
estas cosas se desprenden claras imágenes de los mundos europeo
y americano y que dan cuenta de ese hecho histórico en sí
mismo. No impusimos nuestra ideología por encima del texto, sino
que el mismo texto nos proveyó sus significados.
Esta tarea, de manera explícita, implica la realización
de un relevamiento de las palabras que aparecen en el texto, desde su
título mismo hasta el final, tomando en cuenta los sustantivos,
los adjetivos y los pronombres ( no se incluyen en la sumatoria los
verbos ni los adverbios, ni las referencias que den cuenta del tiempo
y del espacio).
El levantamiento tonal supone, en definitiva, un tránsito desde
el texto hacia sus significados, desde los signos a sus significados,
como así también detectar los planos denotativo (lo que
se dice) y connotativo (lo que presupone) de la obra.
Las palabras relevadas se organizaron luego en ejes semánticos,
con un criterio pre-lógico, intuitivo, sobre la base de las coordenadas
Tiempo-Espacio-Causalidad (Causa -Efecto).
Los ejes que se determinaron en primera instancia fueron los siguientes:
* Lo Social (que incluía el campo semántico de Lo Objetal
y Lo Familiar)
* Lo Corporal (que incluye el campo de La Salud y la Enfermedad)
* Lo Espacial
* Lo Religioso
* Lo Afectivo y Psicológico
* Lo Lingüístico.
A partir de estos ejes se establecieron posibles ecuaciones tonales
para lo cual, en primera instancia, realizamos la suma total de cada
una de las categorías y el porcentaje correspondiente del 100
% que representa la totalidad de las palabras relevadas.
| Eje
semántico |
Cantidad
de signos relevados en relación con cada eje |
Porcentaje
sobre el total
|
| Lo
Social |
771
signos |
53,88 %
|
| Lo
Corporal |
267
signos |
18,65
%
|
| Lo
Afectivo - Psicológico |
191
signos |
13,
34 %
|
| Lo
Natural |
119
signos |
8,32
%
|
| Lo
Religioso |
61
signos |
4,26
%
|
| Lo
Lingüístico |
22
signos |
1,54
%
|
| TOTAL
|
1431
signos |
100%
|
Al revisar nuestro
trabajo decidimos establecer un nuevo eje semántico que denominamos
Lo Cultural, el cual permitía englobar en un campo más
amplio los ejes que habíamos llamado Lo Social, más Lo
Lingüístico, Lo Religioso y Lo Corporal. Esta reducción
nos dio los siguientes resultados :
| Eje
semántico |
|
| Lo
Cultural |
78,33
% |
| Lo
Afectivo Psicológico |
13,34
% |
| Lo
Natural |
8,32 % |
| Total |
99,9% |
El trabajo nos permitió aproximarnos así a ciertos sentidos
circulantes en el mismo. Sin lugar a dudas, hay un marcado predominio
de Lo Cultural, que involucra el dominio y la imposición violencia
de la cultura europea en América. El drama particular de Doña
Blanca y su persecución del amor presentiza Lo Afectivo-Psicológico,
y estructura la poética melodramática del texto. Lo Natural
invoca la presencia de lo indominable, la vida y la muerte, la desmesura
del paisaje americano. El subtexto que reconstruimos : la vocación
de dominio de la naturaleza que caracteriza a la cultura europea moderna,
para someterla a sus intereses de conquista y colonización, se
enfrenta a una naturaleza indómita y desmesurada, que constituye
el contexto de la obra, testigo mudo del nacimiento del primer mestizo
de la tierra americana.
Fue quizás en este momento en que tomó cuerpo la caracterización
que Pelletieri hace de la obra de Monti como "Teatro
de resistencia a la modernidad marginal" y su afirmación
acerca de que en "Asunción" Monti " retoma
el contenidismo, atendiendo más al mensaje que a la estructuturación
de un discurso teatral".
Conclusiones.
Tomando en cuenta lo anteriormente expuesto, mi tarea como director
consistió, entonces, en elaborar con los actores una recreación
de la realidad textual, que incluyera nuestra propia versión
del mundo de ficción propuesto por Monti. Si podemos afirmar
que la realidad no es ni verdadera ni falsa, y que la ficción
es una realidad concertada con otros, entonces también podemos
afirmar que la escena es el lugar donde todo lo que es es otra cosa.
Todo lo que está en escena es "un signo que remite a la
realidad".
No obstante, cualquiera sea la representación que se haga de
los personajes o los espacios, como afirma Mario Rojas, "
la organización de los referentes teatrales en una unidad semántica
nunca se obtiene independientemente, sino que deriva de la lectura literaria
del texto. La virtual puesta en escena, vista como referente del texto
escrito, requiere de una lectura previa del texto 'leído como
literatura' , aunque también es posible la realización
de lecturas simultáneas" (como literatura y como proyecto
de teatralización).
El texto proporciona los referentes verbales y narrativos que constituyen
los referentes primarios . El lector decodifica estos referentes
en su lectura a través de la acumulación semántica
en que sigue el proceso normal de significante a significado para ligar
éste a un referente particular de acuerdo a las propiedades consignadas
en el texto. Los referentes secundarios son resultado del proceso
que realiza el lector cuando visualiza o conceptualiza un conjunto de
propiedades que atribuye a los personajes en consonancia con otros referentes
de la historia e integrados en un significado coherente. La suma integrada
de los referentes secundarios es el significado. Así como en
la lectura del texto dramático-literario se iba de los signos
a los referentes que constituían realidades intelectivas, la
lectura teatral se desplaza de signo en signo antes de alcanzar sus
referentes. Por último, los referentes teatrales configuran
el referente total del texto de la representación virtual. La
asociación mimética con la representación de la
realidad (la generada por el texto literario) empieza a competir con
asociaciones derivadas de la representación, de la práctica
escénica.
El entrecruzamiento de nuestros "textos" (actores, director),
en verdad, la construcción de nuestra dramaturgia como co-autores
del subtexto de la obra; el texto de Ricardo Monti, y la propuesta
metodológica de Luis de Tavira, dieron como resultante
la puesta en escena de "Asunción", una puesta que conlleva
lo que supone toda producción teatral: algo irrepetible, provisorio,
efímero.
(1)
Monti, R., Teatro. Tomo 1. 1995. Bs. As. : Ediciones Corregidor.
(2) De Toro, F. ( Ed. ) 1990. Semiótica y teatro Latinoamericano. Buenos
Aires : Galerna IITCTL. Pág. 20
(3) Jean Alter, Waiting for the referent : Waiting for Godot ? (On referring
in Theatre), en Whiteside A. & M. Issacharoff, On referring in Literature.
1987. Bloomington : Indiana University Press. Pág. 45.