El estudio
de lo implícito en El Malentendido de Albert Camus.
Existe en todo
texto dramático lo que Anne Ubersfeld llama "matrices
de teatralidad" que dan forma en la escritura al juego dramático
de la representación. La obra dramática es escrita para
ser representada y es por ello que el conflicto se presenta a través
de estructuras verbales y escénicas. Partiendo de esto, en la
práctica teatral la verdad del personaje nace no sólo
de lo que dice, sino también de su relación con los otros
y con su medio. Ahora bien como la lucha, indispensable en todo drama,
puede ser muda o dialogada, interior o exterior, hay que prestar atención
en la lectura a la presencia escénica de los personajes.
El estudio de lo
implícito del texto dramático (TD) nos interesa especialmente
en lo que concierne la construcción de las relaciones conflictivas
o tensas de los personajes (ya sea de un personaje con si mismo, con
otros personajes o con el medio); Esta construcción nos permitirá
a su vez develar el implícito ideológico y cultural de
la pieza. Hacemos en este punto la salvedad que nuestro esquema es aplicable
a una dramaturgia o poética tradicional, no serviría en
absoluto para el análisis de una poética del espacio por
ejemplo.
El interés
de este trabajo es que puede constituir una contribución a la
práctica teatral y a los estudios teóricos lingüísticos
y dramatúrgicos. Como la pragmática toma ejemplos de TD,
del mismo modo el análisis textual de una pieza teatral por parte
del actor, del director o del investigador puede servirse de análisis
pragmáticos.
Nos hemos propuesto
analizar una obra El Malentendido de Albert Camus a partir
de una idea comparativa verbalizada por Patrice Pavis en L'analyse
des spectacles (Ed. Nathan, 1996): desde el momento que es enunciado,
"emitido" en escena el texto deja ver lo que Stanislavski
llamaba las "circunstancias dadas", lo que los lingüistas
llaman la situación de enunciación. (cf. P. Pavis,
1996: 198) Estas dos nociones caras a la práctica teatral y a
la lingüística van a guiar nuestro trabajo de reconstrucción
de lo implícito.
El análisis
se centra pues en el valor de mensaje del diálogo en un contexto
dado. La primera condición para entrar en el sistema dramático
es intentar respondernos a ciertas cuestiones: ¿Cómo se
da la información?; ¿por quién o por qué
medios?; ¿con que objetivo?; ¿cuándo?
Aunque las respuestas varíen de una a otra pieza, dos elementos
parecen necesarios y comunes al conjunto de los TD:
a- la cantidad de información aumenta al mismo tiempo
que la acción progresa de manera ineluctable según un
movimiento provocado por la dinámica de las fuerzas puestas en
relación/pugna.
b- La información debe darse y completarse de una u otra
manera para que la comprensión de la obra no se convierta en
un proceso caótico o incompleto y desprovisto por ello de la
tensión que permite al espectador crear sus expectativas de sentido.
Lo implícito
bajo esta concepción juega un papel fundamental ya que "decir
no siempre es decir explícitamente, siendo lo propio de la actividad
discursiva unir constantemente lo dicho y lo no dicho" (cf.
Maingueneau, 1990: 77) Este concepto está muy bien ilustrado
por la teoría del iceberg según la cual el receptor (lector/espectador)
"especta" y con fragmentos (partes) construye un todo, es
decir que construye un mundo que trasciende los diálogos. Los
diálogos e imágenes serían la parte visible del
iceberg, mientras que la parte oculta la conocemos por alusión
y encierra las circunstancias dadas de todos los personajes y lugares
que aparecen en el universo de la pieza.
Esto es tanto más cierto cuanto que la palabra en teatro es siempre
palabra acción. Patrice Pavis afirma al respecto: "El
lector o auditor se encuentra siempre formando conjuntos (
) perdido
en el dédalo de las réplicas, persigue los indicios textuales
sobre las "circunstancias dadas", las motivaciones y los superobjetivos
de los personajes. Debe establecer: quién habla, a quién,
desde qué lugar y de qué manera la palabra desemboca en
una acción." (cf. Pavis, 1996: 185).
En el trabajo de investigación del cual se desprende esta ponencia,
expresamos nuestra hipótesis en estos términos: la
tensión dramática que mantiene el interés del receptor
(lector/espectador) está dada no por el conflicto que es elemental
(remitirse al relato de la intriga), sino por el tratamiento que se
hace del conflicto; y esta tensión se define como la relación
existente entre lo dicho y lo no dicho o implícito del TD.
Si en el diálogo de los personajes todo estuviera dicho, el discurso
perdería su carácter verosímil para convertirse
en un discurso de características pedagógicas. (El secreto
de la verosimilitud del teatro es que la información nunca transgreda
el pacto de interlocución.)
Es que una pieza se luce mientras mayor sea su capacidad de condensar
en un corto diálogo un todo. Toda obra teatral es una sinécdoque.
Esto es una figura donde se toma la parte por el todo. Para que el espectador
"especte" el teatro tiene que condensar en el diálogo
imágenes de mundos posibles.
La intriga de El
Malentendido de Albert Camus aparece en la novela del
mismo autor El Extranjero (1940). El protagonista de esa novela,
después de su condena, encuentra entre las tablas de su cama
un viejo recorte de diario donde se relata un caso melodramático:
"En Checoslovaquia, un hombre parte de su pueblo natal para
hacer fortuna. Al cabo de veinticinco años regresa rico, con
su mujer y un hijo. Su madre junto a su hermana tienen una posada. Con
el afán de sorprenderlas, él deja a su esposa e hijo en
otro hotel y va a lo de su madre. Esta no logra reconocerlo. Para bromear,
él toma una habitación. Antes de dormir muestra el dinero
que lleva encima a las mujeres. En la noche, la madre y la hermana lo
asesinan para robarle a golpes de martillo. Luego arrojan el cuerpo
a un río. A la mañana siguiente, la esposa de la víctima
se apersona y, desconociendo los sucesos, revela la identidad del viajero.
La madre se ahorca. La hermana se tira a un pozo." (Camus,
L'étranger, París, éd. Gallimard, Coll. Folio,
1942, p.124, 125).
Los personajes son cinco: la madre, Martha, un viejo criado, Jan (el
hijo pródigo) y María (esposa de Jan).
En la versión que nosotros analizamos (edición 1958),
las circunstancias del suicidio de la madre son otras, mientras que
el final de la hermana, Martha, no es explicitado, pero si previsible.
En cuanto a las marcas textuales sobre el pueblo, no es posible situar
exactamente la acción en Checoslovaquia y no se hace alusión
a un hijo de Jan y María.
Podríamos decir que la obra responde a la fórmula aristotélica:
"una única acción tensa y contada por la menor
cantidad de personajes".
En nuestro análisis
el interés por lo implícito es natural si pensamos
que la pragmática (marco teórico del cual partimos) da
máxima importancia a las estrategias indirectas del enunciador
y al trabajo de interpretación de los enunciados por parte del
co-enunciador.
Al hablar de información dada nos situamos en dos áreas
o campos: estructura y construcción de sentido de la pieza. Para
analizar lo implícito relevamos dos tipos particulares de efectos
de sentido: los presupuestos (P) y sobrentendidos (SE), sin olvidar
que debemos atender dos niveles: la representación de las palabras
de los personajes, pero también la comunicación que se
establece entre la obra y su destinatario.
En El Malentendido la acción se sitúa en un presente
cotidiano (tiempo del teatro) minado por zonas oscuras que remiten a
un pasado no demasiado lejano y que encierra algo vergonzoso o peligroso
que es necesario callar u ocultar. En este estado de cosas la tensión
se sirve mucho del tabú lingüístico; encontramos
que desde esta perspectiva esta pieza estrenada en 1944 tiene interesantes
puntos de contacto con algunas nuevas dramaturgias europeas (escritas
a partir de 1980), donde la tensión está fundamentalmente
ligada a las zonas oscuras del lenguaje; el tabú tensa el diálogo
y las relaciones entre los personajes, tiñendo los significados
de toda la obra.
Para diferenciar los dos efectos de sentido (presupuestos y sobrentendidos),
diremos que el P exige la intervención del componente lingüístico
independientemente del contexto; mientras que el SE apela al componente
retórico de la comunicación cuya función sería
determinar el significado real de un enunciado en un contexto dado.
Según Ubersfeld, en el TD los enunciados producidos
por los personajes sólo tienen sentido en el contexto, es decir
en la situación de enunciación.
En lo que se refiere a las condiciones espaciales de la enunciación,
la interpretación del diálogo se vuelve absolutamente
dependiente del espacio en el que éste se desarrollará:
es preciso saber por ejemplo si se trata de la plataforma isabelina
o bien de la intimidad de una habitación. También intervienen
en el proceso interpretativo las condiciones de enunciación
de la ficción según las cuales: no existe una palabra
emitida en escena que no suponga una colección de hechos presupuestos
conocidos por todos. Ubersfeld toma como ejemplo la tragedia
de Racine que supone conocidas por el destinatario/espectador
la mitología griega y en parte la historia romana. Esta idea
se emparienta con Ducrot y su criterio del encadenamiento de
los enunciados que confiere al discurso su estructura. A partir de este
criterio Ducrot sostiene que la mayoría de las frases
pronunciadas son partes integrantes de un discurso más amplio,
de tal modo que continúan el intercambio con las palabras que
las precedieron y apelan al mismo tiempo a ser completadas. (cf. Ducrot,
1984: 43,44) Es que nada puede decirse en teatro sin una palabra anterior.
La primera réplica de una obra dramática, ya sea diálogo
o monólogo, nunca podrá tomarse como el punto cero de
la intriga; por el contrario, ésta se apoya en todas las condiciones
de enunciación que preceden la escena (las circunstancias dadas
en el método de Stanislavsky). A partir del segundo enunciado,
no hay más autonomía: el enunciado nace de la interacción
de los interlocutores en su medio.
Ahora bien, en teatro los P no sólo implican las condiciones
de enunciación, sino también las relaciones de fuerza.
En El Malentendido todo intercambio está condicionado
por una cierta cantidad de presupuestos fácticos e ideológicos:
hay una guerra; una derrota; un hijo-hermano ausente.
Sin embargo es interesante pensar el hecho que en teatro siempre resulta
posible violar los presupuestos más evidentes; en La cantante
calva de Ionesco, con la célebre fórmula "cuando
llaman es que no hay nadie" se invalida el presupuesto fáctico
y lógico. Esta es sin duda una de las características
de la comicidad particular del teatro del absurdo. Ducrot señala
también que todo discurso posee una estructura y que la aceptación
y conservación de los presupuestos asegura la coherencia de esta
estructura. El receptor está obligado a adoptar los presupuestos
introducidos por el locutor o bien a atacarlos, interrumpiendo el diálogo
y mostrándose probablemente agresivo o polémico.
Pero la problemática de lo implícito no se queda allí,
también se abre sobre el estudio de las leyes del discurso, sobre
las reglas que gobiernan tácitamente los intercambios discursivos.
Apoyándose en estas leyes y en la situación de enunciación
los co-enunciatarios pueden inferir una buena parte de los contenidos
implícitos como es el caso de los sobrentendidos. (cf. Maingueneau,
1990:79)
Si como hemos visto es relativamente fácil determinar en los
enunciados los P, no ocurre lo mismo con los SE. El SE es siempre enunciado
indirectamente y su interpretación está estrechamente
ligada a la situación de enunciación. Es aquello que se
entiende alusivamente por lo que la posibilidad de crear SE es ilimitada.
Tomaremos a modo ilustrativo el ej. propuesto por Kerbrat-Orecchioni
(1986:69): el caso de una mujer cuyo marido es un fumador empedernido.
Al decirle "Mi hermano no fuma más" con cierta entonación
y una mirada penetrante podría dejar sobrentendido: "No
como tu que continúas/Podrías o deberías imitarlo/Ya
ves que se puede/etc." Mientras que el P existencial que se desprende
es "ella tiene un hermano".
Para Ducrot la noción de SE designa los efectos de sentido
que surgen de la interpretación (recepción) del enunciado
cuando se reflexiona sobre los motivos de la enunciación. ¿Porqué
el locutor dice lo que dice? El enunciado que posee SE posee siempre
un sentido o significado literal del cual el SE queda excluido; es por
ello que el SE permite afirmar algo sin decirlo pero diciéndolo
y vehiculiza actos de habla como por ej. el reproche.
Según el principio de cooperación y la máxima de
la pertinencia o importancia propuesta por Grice, el receptor tiende
a pensar que todo lo que dice el locutor es importante y que si lo dice
por algo es. Esta máxima es la principal fuente de SE.
Recapitulando, los elementos sobre los que se apoyan los contenidos
implícitos de los enunciados son: la competencia lingüística
(para los P), el conocimiento de las leyes del discurso y finalmente,
cierto saber enciclopédico o conocimiento del mundo.
Concluyendo esta breve introducción teórica citamos a
A. Ubersfeld y D. Maingueneau refiriéndose al implícito
teatral:
Esta búsqueda
se parece a la noción stalinavskiana de subtextos; pero es menos
ambigua, menos "peligrosa", en la medida en que sólo
se apoya en el lenguaje; y no en un eventual psiquismo del personaje;
es lingüística. Aún más, exhibe su carácter
aleatorio, y la necesidad no de leer la batería de lo implícito
sino de construirla con la ayuda de otros elementos que se encuentran
a disposición del lector-aprendiz. (Ubersfeld, 1996:
76).
Recurrir a lo
implícito no es necesariamente defensivo. Como la decodificación
de los sobrentendidos es una actividad compleja que supone una gran
maestría en el manejo de la lengua, la invitación que
se le hace al lector o al espectador para resolver esos pequeños
enigmas, para llenar por sí mismo las fisuras del enunciado pueden
ser un medio de establecer una connivencia valorizante con él.
(Maingueneau, 1990: 81).
El análisis
que realizamos sobre El Malentendido nos permitió corroborar
nuestra hipótesis y constatar que, efectivamente, el juego entro
lo dicho y lo no dicho reviste de tensión a la intriga/conflicto
(comparar con conflicto y tratamiento del conflicto); y que esta tensión
está estrechamente vincula a la visión del mundo de los
personajes y a la relación que cada uno mantiene con su propio
lenguaje; y, finalmente, nos permitió construir a través
de la identidad y las relaciones de los personajes el implícito
ideológico y cultural del TD.
Implícito
ideológico y cultural
Es notorio que las fuerzas "actantes" que precipitan el malentendido
y desenlace trágico estén encarnadas por el viejo criado,
personaje que se mantiene mudo hasta el final del drama familiar. Es
él quien gracias a sus "presencias escénicas"
impide dos veces que la verdadera identidad de Jan sea descubierta.
La primera parece ser una intervención accidental (la aparición
del criado distrae a Martha de la lectura del pasaporte), (cf. Acto
I, escena 5, p. 178); la segunda, cuando recoge el pasaporte del suelo
(cf. Acto 2, escena 8, p. 216) y lo conserva hasta después del
asesinato parece ser una actitud malintencionada. Sin embargo, no vemos
jamás al viejo leyendo el pasaporte. Esta información,
al igual que su voluntad consciente y su identidad, escapa a la comprensión
racional de los hechos. Este personaje, figura construida por el autor
del TD, hace surgir el sentimiento del absurdo, como ese sentimiento
nacido de la confrontación que proviene del carácter irracional
del mundo y del deseo del hombre de comprender; y despierta, al mismo
tiempo, el sentimiento trágico de la fatalidad donde el hombre
aparece desvalido, insignificante, frente a las fuerzas del destino.
La pieza estrenada en 1944, en un período de censura bajo la
ocupación alemana de los años '40, refleja, sin dudas,
la desesperanza de la época. Ese sentimiento palpable en las
obras de una gran cantidad de escritores del momento podría traducirse
en una serie de interrogantes: ¿cómo podría el
hombre ser feliz en un mundo marcado por la crueldad y el absurdo?;
¿cuál es su responsabilidad frente a la miseria, la injusticia,
el asesinato, la guerra?; ¿cómo es capaz el hombre de
verse a si mismo y de realizar su destino?.
El Malentendido, sin innovar sobre el plano de la dramaturgia
(el autor conserva la estructura clásica en tres actos y en el
lenguaje no se produjo aún la ruptura de los años '50)
expone la situación del hombre en una sociedad que le escapa,
en donde él se siente exiliado, extranjero. "Exilio, extraño,
extranjero" son las palabras elegidas por Camus para expresar este
sentimiento de desesperanza; y son las palabras que mortifican al personaje
de Jan.
El juego entre
lo dicho y lo no dicho en la estructura en tres actos
Constatamos que
al final del Acto I los enigmas que despertaron nuestro interés
encontraron respuesta. La información necesaria para la comprensión
de la intriga fue dada y completada a excepción de la concerniente
a la guerra. Esta información sólo será una alusión
que aparece en los dichos de la madre (control de la policía,
miedo al gendarme). Evidentemente esto se explica en virtud del contexto
social de la representación: la ocupación del año
1944. Una referencia directa a la realidad hubiera podido atentar contra
la efectiva puesta en escena del TD.
Los enigmas relevados fueron:
1.- ¿Cuál es el referente de la primera réplica
de la obra (La madre. -Volverá.)?
2.- ¿Qué cosa deben recomenzar (Martha y la madre)?
3.- ¿Cuáles son las locuras de estas dos mujeres?
4.- ¿A qué alude Martha al decir "ocuparse del que
vendrá"?
5.- ¿Quiénes son "los otros" que mueren de manera
más cruel? ¿Hay una guerra?
Al final del Acto I el receptor sabe que "él" es Jan,
el hijo de la casa. Pero también el nuevo cliente supuesto rico
por Martha y su madre. Este quiproquo provocado de manera consciente
y voluntaria por Jan engendra el malentendido de consecuencias trágicas.
Las preguntas 2, 3 y 4 tiene un mismo referente: "los crímenes
de las dos mujeres"; y son tributarias del uso de SE, maneras indirectas
de nombrar el asesinato. Mientras que la información sobre los
otros muertos es tanto más inquietante cuanto que jamás
es completada o explicitada.
La estructura respeta casi absolutamente la regla de las tres unidades,
inspirada en la poética de Aristóteles y reformulada
por Boileau en el siglo XVIII: "que en un lugar, que
en un día, un único hecho cumplido tenga hasta el final
el teatro lleno".
El telón cae al fin de cada acto. Terminado el Acto I, la historia
está presentada y la acción disparada. Al fin del Acto
II el desarrollo se cierra. En el Acto III se construye el clímax
y el desenlace final. Este clímax no es el asesinato perpetrado
fuera de la escena como ocurre en el teatro clásico (entre el
Acto II y III, cuando las mujeres arrojan el cuerpo del hombre inconsciente
al río). El clímax se presenta cuando las mujeres leen
el pasaporte que entrega el viejo criado a Martha. Es el descubrimiento
de la identidad de Jan lo que hace progresar la tragedia, como en el
Edipo de Sófocles. La madre no podrá sobrevivir a esta
revelación. Si la víctima no hubiera sido el hijo pródigo,
si hubiera sido un viajero desconocido como todos los otros, el conflicto
no hubiera existido. Estas mujeres están habituadas a matar.
Ahora bien, es este raro y monstruoso hábito, y todas las reflexiones
colmadas de P y SE que ellas realizan, las que mantienen el interés
del receptor en un universo del discurso extraño, pero no desprovisto
de coherencia.
Adherimos a la crítica que ve en esta obra un resumen escénico
directo del Mito de Sísifo y de El Extranjero, ensayo y novela
que traducen la filosofía del absurdo de Camus. (Como ya dijimos
el tema de El Malentendido aparece 4 años antes de su publicación
en la novela El Extranjero).
La visión del mundo y el lenguaje de los personajes
Es como si Camus mostrara las aberraciones y extrañezas de la
guerra a través del lenguaje. En una situación cotidiana,
sin sobresaltos, en donde la extrema violencia casi no se puede percibir.
El asesinato no es sangriento, la víctima es un durmiente dócil.
El dolor no se exterioriza en gritos, salvo en el momento de máxima
desesperación de Martha, cuando queda sola, sin interlocutor
posible, abandonada por su madre que elige el suicidio. "Martha
corre contra la puerta, la cierra brutalmente (
). Estalla en gritos
salvajes" (cf. LM, Acto III, escena 2, p. 231).
"Ya la perdoné. Sé muy bien que la intimidad no
se improvisa. Eso lleva su tiempo" (LM, Acto I, escena 5, p.183)
Son palabras de Jan dirigidas a Martha. Es que Martha no soporta la
idea de que alguien pueda penetrar la intimidad que ella construyó
con su madre. Esta intimidad se percibe en el lenguaje pleno de SE que
mantienen madre e hija; pero al mismo tiempo aparecen los tabúes
lingüísticos que hacen de esta connivencia un territorio
tenso y conflictivo.
Wittgenstein,
en sus Investigaciones filosóficas, afirma que el valor
cognitivo del enunciado trópico nos autoriza a ver el mundo bajo
un nuevo aspecto. No caben dudas que la visión del mundo de ambas
mujeres es totalmente particular. Para Martha, Jan es el pasaporte que
ella necesita para huir de la realidad que la oprime. Jan ya no es Jan,
sino un objeto, una víctima más que le permitirá
alcanzar el mar y el sol. Por otra parte, Jan no es sincero y juega
una comedia difícil de creer. Mientras que la madre ejercita
una visión del mundo que la autoriza a hablar de sus víctimas
con un sentimiento cercano a la compasión:
La
Madre:
Si, voy a enderezarme. A veces, efectivamente, me pongo contenta al
pensar que los nuestros no sufrieron jamás. Apenas es un crimen,
tan sólo una intervención, un empujoncito dado a vidas
desconocidas. Y aparentemente es cierto que la vida es más cruel
que nosotras. Es tal vez por esta razón que me cuesta sentir
culpa. (LM, Acto I, p. 162,163)
Y nosotros diríamos que la madre podría agregar: "asesinamos
sin malas intenciones"
Hemos constatado igualmente, que todos los objetivos individuales unidos
a la intriga principal dan lugar a relaciones tensas que conciernen
el uso que cada personaje hace del lenguaje. Las confrontaciones sobre
el plano conversacional ponen en evidencia el abismo que separa lo que
el locutor dice de lo que el destinatario desea escuchar. Estas relaciones
tensas podrían entonces ser analizadas desde la perspectiva del
psicoanálisis, de la lingüística y de la filosofía
del lenguaje. El título es por cierto connotativo, si tenemos
en cuenta que el psicoanálisis entiende a la comunicación
humana como resultado de un malentendido (o desfasaje) fundamental entre
el aparato biológico y el aparato psicológico.
A modo de conclusión diremos que encarnando lo absurdo de la
condición humana, los héroes de esta pieza optan por soluciones
negativas o nihilistas. Constatamos como algunas tesis filosóficas
contenidas en el Mito de Sísifo fueron transpuestas escénicamente
a través de los personajes y de las situaciones de comunicación
creadas en esta ficción. Nos parece que Camus no cesó
de cuestionar el poder de las palabras y de denunciar su poder. Palabra
que a menudo oculta el pensamiento, enmascara la realidad, deja aparecer
visiones de mundo extrañas y personales. Finalmente, nos pareció
notable el tratamiento dramático que le dio a un tema filosófico
fundamental: la relación que mantiene el hombre con su propio
lenguaje.
Nota: la traducción de la pieza
es propia. Se adjunta la bibliografía del trabajo de investigación.
Bibliographie
I. Source
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Gallimard, Coll. Folio, 1958.
II.
Bibliographie Spéciale
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